template-browser-not-supported

Noticias

Homenaje al rector Leopoldo Alas Argüelles con motivo del 80 aniversario de su fusilamiento

'Una vez más se le rinde un homenaje indiscutible y justo, después del silencio sepulcral que hubo durante años', afirmó el rector Santiago García Granda

El homenaje de la Universidad y del Ayuntamiento de Oviedo a Leopoldo Alas Argüelles con motivo del ochenta aniversario de su fusilamiento concluyó ayer con una conferencia en el Aula Magna del Edificio Histórico de la institución docente en la que intervinieron el rector Santiago García Granda, los exrectores Juan Vázquez y Alberto Marcos Vallaure, el catedrático y nieto del homenajeado, Leopoldo Tolivar, el catedrático de Historia Jorge Uría e Ignacio Loy Madera, profesor de psicología y representante de CCOO, sindicato promotor del acto.
 
El rector anunció que la Universidad recordará anualmente a Alas Argüelles cada 20 de febrero con un acto académico, así como una entrega de premios o que se le dará su nombre a un programa de extensión universitaria o de investigación. Aludió a que era un acto de desagravio porque "una vez más se rinde un homenaje indiscutible y justo a un Rector de esta Universidad, después del silencio sepulcral durante años, que arranca desde aquel mutismo de sus antiguos compañeros de claustro, hasta octubre de 1967 en que su figura fue reivindicada por Luis María Fernández Canteli".
 
Dijo que era de angustia porque "a Leopoldo Alas Argüelles se lo llevaron para un viaje sin retorno, más que como prisionero, como rehén del coronel Aranda y que finalizó, hace hoy 80 años, con su fusilamiento. O si se quiere, «legalmente asesinado» según la patética expresión que su compañero y amigo, el poeta Jorge Guillén, señalaba al dedicarle una de sus selectas obras poéticas del exilio, «Guirnalda civil», editada en Boston en 1970".
 
Recordó el Rector la histórica frase de Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, tres meses después del alzamiento cuando grito "muera la inteligencia". Dijo que "bien pronunciase esa frase Millán Astray, bien fuera transmutada posteriormente por Serrano Suñer, hay dos aciertos en ella: que ninguno de los dos era inteligente y que, adecuadamente, situaban la inteligencia en la Universidad. En el "templo de la inteligencia" como le profirió Unamuno que presidía como Rector aquel mismo acto: «Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis".
 
Y con esa "sobrada fuerza bruta", las barbaries continuaron a través de la Comisión Depuradora del Personal Universitario. Según Claret Miranda, el presidente de esa Comisión, Arturo de Gregorio Rocasolano, proponía la suspensión de los catedráticos ovetenses Benito Alvarez-Buylla Lozano, Ramón Prieto Bances, Alfredo Mendizábal Villalba, Antonio Polo Díez y Emilio González López. A ellos se añadieron los catedráticos Carlos del Fresno y Pérez del Villar y Teodoro González García. El proceso de depuración, a juicio de Claret, se limitaba a dar barniz administrativo a una represión decidida de antemano.  
 
El Rector Alas no corrió la misma suerte. Fue ejecutado y esa ejecución se justificó por haber asistido a un mitin de Azaña, por haber sido miembro del gobierno provisional de la República y ser elegido rector de la universidad ovetense al proclamarse aquella, o haber pertenecido a la masonería. Lo de masón es absolutamente incierto como ha demostrado Victoria Hidalgo Nieto en su trabajo "La represión masónica en Asturias".
 
Santiago García Granda afirmó que "en definitiva, su compromiso republicano y ser el hijo del autor de 'La Regenta' justificaron su muerte a manos del régimen franquista. Muerte que no temía. José Maldonado, consejero de Obras Públicas a la sazón, cuenta que, habiendo invitado a Leopoldo Alas a abandonar Asturias, éste le respondió: "Tengo que quedarme en Oviedo, pase lo que pase, aunque solo sea para calmar con mi autoridad moral a esos bárbaros".
 
De la faceta universitaria de Leopoldo Alas destacó  su nombramiento como rector cuando, siendo decano de la Facultad de Derecho, se pública en la Gaceta de Madrid el Decreto nombrándole rector de la Universidad de Oviedo "y a partir de ahí, hubo de asistir a la destrucción del edifico universitario, viendo cómo ardía en la Revolución de Octubre del 34. Su amor por la institución ovetense le hizo trabajar tenazmente para recomponer los daños y volver a las aulas. Especialmente preocupado por la abrasada biblioteca, inició gestiones de todo tipo para recomponerla. Conocida es la carta de Rafael Altamira a Leopoldo García-Alas fechada en Madrid, el 11 de enero de 1935 sobre el envío de libros para la biblioteca de la Universidad de Oviedo procedente de la Secretaría del Tribunal de La Haya, además de la Universidad de Leyden y –añadía esa carta– "que irá recibiendo más envíos de Inglaterra y los de América tardarán bastante más".
 
Terminó Santiago García Granda leyendo un poema de Jorge Guillén entresacado de "Guirnalda civil" que le dedicó al homenajeado, afirmando antes "que este acto sirva –no solo para rememorar al Rector Alas– sino también para tomar conciencia de que la Universidad es el templo de la inteligencia, recordando de nuevo a Unamuno. Se trata de trasladar con ello –una vez más– esa imagen de desagravio que toda la sociedad debe observar y reconocer".