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  • Proyección del documental "Bloody daughter" en el Aula Severo Ochoa

    27 de Mayo 2015

    "Bloody daughter", que presenta un crudo retrato de la pianista argentina Martha Argerich realizado por su hija Stéphanie, será la próxima película que se proyectará dentro del ciclo de cine contemporáneo que organizan la Universidad de Oviedo y el Centro Niemeyer. La sesión está programada para el miércoles 27 de mayo, a partir de las 20 horas, en el Aula Severo Ochoa de LAUDEO Centro Cultural de Extensión Universitaria (C/ San Francisco, 1). Entrada libre y gratuita hasta completar aforo.

    Bloody daughter / Año: 2012 / Duración: 94 min / País: Francia, Suiza / Productoras: Intermezzo Films, Ideále Audience / Guion y dirección: Stéphanie Argerich / Dirección de fotografía: Luc Peter, Stéphanie Argerich / Género: Documental

    "Soy la hija de una diosa, bromea en un momento de Bloody daughter Stéphanie Argerich. ¿Bromea? Exagera, apenas: casi ningún amante de la música clásica dudaría en ubicar a mamá Martha (nacida en Argentina) en el Olimpo reservado a las y los mayores pianistas del planeta. Stéphanie, la menor de las tres hijas que Argerich tuvo con tres maridos distintos, aprovecha su posición privilegiada (y la cámara que su madre le trajo de una de sus mil giras) como compañera de viaje por Polonia, Japón, Italia y unos cuantos países más para capturar rarísimos momentos de esa intimidad que la artista siempre se esforzó por preservar. ¿Dónde más podrían ver a Argerich en pijama, recién levantada, hablando trivialidades acerca de los desayunos? ¿O paseando por el Jardín Botánico de Palermo y mirando viejas fotos familiares? Claro que, como en cualquier relación madre-hija, no todo es color de rosas" (Agustín Masaedo, BAFICI 2013).

    "Stéphanie Argerich, hija de la notable pianista, realiza un retrato íntimo familiar, en cuyo centro vive una mujer tan imprevisible como fascinante. Martha es, claro está, un imán para la cámara, pero también cultiva el arte de la fuga. La cosa está en otro lado, pero no sé dónde, dice mamá a la hija, que la mira (la filma) desde el otro lado de la cámara. Después sonríe, con esa sonrisa como resignada frente a lo inasible. Nuestro fuerte nunca fueron las palabras, lo nuestro es otra cosa. Tal vez sea esa otra cosa, indefinible (a mamá no le gustan las definiciones, dijo alguien antes) e insondable, lo que, queriendo filmar a mamá, captura Stéphanie Argerich en Bloody daughter. Bueno, no solo a mamá, sino a toda la familia. Lo que pasa es que si mamá es Martha Argerich, la mirada, la cámara, la propia dinámica familiar quedan como imantadas. Imantadas por ella, que en lugar de ocupar el centro de la escena cultiva el arte de la fuga, dejando un vacío hecho de silencios, misterios, cosas no dichas o dichas a medias. Eso, referido a la escena familiar, claro, que es la que filma Stéphanie. Porque cuando se trata del escenario, mamá Martha lo ocupa rotundamente. Pero esa escena, la escena artística, en Bloody daughter aparece entre telones entornados, casi adivinada o supuesta más que vista" (Horacio Bernades, Página 12).


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