Undergraduate Degrees

Oferta 2016/2017

  • Degree in Classical and Romance Studies

    General Information

    Description:

    The duration of the Degree in Classical and Romance Studies is of 4 years. The minimum number of credits needed to obtain the degree is 240 ECTS credits.

    Responsible Center:

    Teaching Languages: Spanish

    Distribution and Credits:

    • Basic Formation: 60
    • Compulsory Subjects: 54
    • Elective Subjects: 114
    • Compulsory External Internships: 6
    • Undergraduate Thesis: 6

    Registration fees for first-time enrollment in a full course:  1068,54 €

    Access and Career Opportunities

    Profile of the New Student
    • Recommended High School modalities with the PAU examination passed: Humanities and Social Sciences.
    • Higher Grade formative cycle.
    • Access examination for people Older than 25, 40 or 45.
    • University degree.

    Attentive, analytical and critical attitude. Intereset in developing and transmitting knowledge that is useful for society and in knowing better the social process of the past and the present, in all their socio-economic, political and cultural complexity. Disposition towards working and studying.

    Professional Opportunities

    Professional Profiles:

    • Teaching and/or Research.
    • Research, development and innovation in the fields of Linguistics and Literature.
    • Literary Criticism.
    • Translation and Interpretation.
    • Linguistic counseling and mediation in diverse socio-cultural and business contexts.
    • Editorial activity: selection of original manuscripts, text and style correction, elaboration of handbooks, dictionaries, etc.
    • Library Science, documentation and archives.

    Characteristics of the Center

    Premises and Services:
    All the classrooms and seminars are equipped with new technologies (PC, projector, Internet access, etc.). The Faculty has meeting rooms, social spaces, IT rooms, lunchroom, etc.

    Mobility and International Relations:
    Exchange and mobility. The faculty has 226 Erasmus agreements around Europe and SICUE agreements around Spain as well as agreements in United States and other non-European Countries.

    Internships, Employment and Tutorial Action Plan:
    Guidance and employability. Employment and Entrepreneurs Day, Permanent Guidance for the development of careers, more than 20 companies and bodies for external internships.

    Cultural and Supportive activities aimed at students. "Encuentros en Filología" permanent quarterly cycle. Tutorials. Tutorial Action Plan for new students.

    Further information

    Justification of the Degree

    Si no viviéramos en una sociedad desbordada por los excesos que emanan de las llamadas "autopistas de la información" y de los mass media, en general, influida más por lo superficial que por lo profundo, más por el provecho inmediato y desechable que por el perdurable, más por lo fácil y asequible que por lo difícil y costoso, tal vez no haría falta una justificación de lo obvio, de lo que está presente en cada momento de nuestra vida, de nuestro mundo y de nuestra concepción de él.

    Y si a una institución como la Universidad de Oviedo, prestigiosa e influyente dentro y fuera del Principado de Asturias, no le constara la importancia académica, cultural, científica y profesional que entraña el mantenimiento y la continuidad de una de las licenciaturas del mundo occidental más prestigiosas y más necesarias, de presencia más antigua y más asentada en su seno, la de Filología Clásica, y, junto a ella, su descendiente la Filología Románica, probablemente tampoco se hubiera tomado la molestia de solicitar su conversión en grado y de insistir en ello pese al mayor o menor coste económico que implica.

    Porque, tratándose de materias tenidas por minoritarias, cuesta hoy en día asumir, ante la sociedad que paga, la responsabilidad política de sancionar su conversión en grado y su mantenimiento. Sin embargo, la asunción de esa responsabilidad no obedece, sin duda, a un criterio económico, sino más bien a un certero sentido del deber histórico guiado, antes que nada, por una responsabilidad académica, por un convencimiento propio de estar haciendo bien las cosas, el que incita a nuestra Universidad a proponer, acomodado al nuevo Espacio Europeo de Educación Superior, un Grado en Estudios Clásicos y Románicos.

    Mas tal sentimiento de responsabilidad académica que los mandatarios de nuestra Universidad exhiben, tal sensibilidad histórica y cultural que muestran, tal convencimiento de la necesidad de proteger unos estudios como los que aquí se justifican no es casual ni responde a intereses creados; antes bien, nace, por un lado, de la propia tradición universitaria y de su entera vocación de servicio público y, por otro, de los frutos maduros y los tributos con que esa tradición ha pagado a nuestra Comunidad Autónoma, en particular, y a la sociedad española, en general, como veremos.

    Un poco de Historia

    Permítasenos, antes de detallar la sustancia de eso que decimos que es obvio, hacer un poco de historia, por si pudiera ayudar a comprender lo que significa la "tradición" de que hablamos y lo que significan los estudios clásicos en ella.

    Cuando hablamos de Filología (pues de eso tratan los estudios de nuestro Grado), sin apellidos, no debemos olvidar que es una disciplina que hunde sus raíces –y no las más profundas- en el siglo III a. C., momento en que el tercer sucesor del Liceo de Aristóteles, Demetrio de Falero, huye a un ya helenizado Egipto por motivos políticos y encuentra en el rey Ptolomeo la acogida que su fama merecía. Demetrio propone fundar una nueva academia dedicada a las Musas, emulando el espíritu de la Academia y del Liceo, y el rey hará suya la idea. El hecho merece ser destacado, aunque sólo sea porque la fundación del Museo de Alejandría, como se llamó en honor a las Musas, y su famosa biblioteca, está en el origen y desarrollo de muchas ciencias modernas, tales como la astronomía, la física o la medicina, entre otras.

    Ello habla por sí solo de la amplitud de miras con que fue concebido el Museo, sustentado además por el erario público. A trabajar en ese Museo, que podría equivaler, mutatis mutandis, a nuestro actual "Consejo Superior de Investigaciones Científicas" (CSIC), fueron llamados los más notables sabios de cada tiempo y especialidad, mientras duró la aventura, es decir, hasta el siglo VI en que se destruye definitivamente. Allí trabajaron y sentaron sus principios sabios como Arquímedes, Aristarco, Hipócrates y tantos otros que aún hoy son estudiados en todas las escuelas, precisamente por haber hallado "principios".

    Mas nada del trabajo de esos sabios hubiera sido posible sin la labor previa de quienes sembraron el germen de su éxito y pusieron a su disposición el material necesario para llevar a cabo sus investigaciones: los filólogos, entonces llamados grammatikoí o kritikoí, que llevaban a cabo un conjunto de tareas englobadas bajo el nombre de grammatiké. En efecto, el Museo y su famosa Biblioteca se pusieron en marcha gracias al interés que tuvieron esos grammatikoí, muchas veces también poetas, por instruirse en su gran poeta griego por antonomasia, Homero. Para ello necesitaban, primeramente, disponer de un texto fiable en el que aprender el arte; fue así como al cotejar diferentes copias nació la filología en sus diferentes facetas: la de depuración de errores en los textos (no olvidemos que hablamos siempre de manuscritos), la restitución de las formas originales que con el tiempo se habían transformado (recordemos la distancia de muchos siglos que separaba la lengua de Homero de la de nuestros primeros filólogos, y que lo que ellos hablaban era una lengua muy evolucionada, la koiné) y la explicación, en fin, y comentario de esos textos, de sus palabras, formas, contenidos y enseñanzas que proporcionaban y permitían darles "nueva vida". El éxito de su trabajo residía en el método utilizado, el de la analogía, mediante el cual eran capaces de restituir la forma correcta de una palabra de acuerdo con la que en su paradigma le correspondía. Así es como nacieron los conocidos paradigmas de las declinaciones griega y, más tarde, latina, pero también los de las conjugaciones verbales y otros muchos conceptos sistematizados, que aún hoy seguimos estudiando en nuestras lenguas modernas.

    Sin embargo, ese fue sólo el principio, pues con el interés suscitado por Homero nació también el interés por cualquier texto, de modo que la biblioteca acabó nutriéndose de copias y, sobre todo, originales de textos de los más variados contenidos, debidamente revisados por los grammatikoí y puestos al servicio de cualquiera que deseara estudiarlos. La biblioteca, como es sabido, llegó a reunir en tiempos de Julio César y antes del primer incendio más de 500.000 volúmenes.

    El característico espíritu práctico de los romanos hace comprensible que no emularan las tareas de los grammatikoí griegos hasta al menos el siglo I d. C. En ese momento, y en la obra de Quintiliano, hispano de Calahorra, se detectan los primeros síntomas de interés por la grammatiké griega. Mas el interés que suscita entre ellos nace del descubrimiento, no de su contenido original, la restitución y conservación de textos, sino de que les permite disponer de una preciosa herramienta con la que formar al hombre elocuente, máximo exponente de la cultura del hombre libre; es decir, ven en la nueva ciencia un complemento idóneo para la Retórica. Es por eso por lo que se interesan especialmente por la parte "gramatical" de la grammatiké y es por eso por lo que los grammatici latinos, más que filólogos, son ante todo "gramáticos" en la acepción moderna del término. Los más famosos y estudiados durante toda la Edad Media fueron Donato y Prisciano. Pero podrían citarse muchos otros.

    Hubo que esperar al Renacimiento para rescatar las labores de los grammatikoí griegos, aunque para evitar equívocos tuvieron que recurrir un nombre nuevo, el de "filólogos" o profesionales de la "filología", entendida esta, otra vez, como entre los griegos alejandrinos, a saber, como el conjunto de tareas que debía llevar a cabo el hombre del renacimiento para proseguir, primero con los textos latinos, luego con los griegos, la vieja tarea de los grammatikoí alejandrinos.

    La importancia de los "filólogos" o humanistas renacentistas es capital, tras los siglos de la Edad Media. Digamos, por ejemplo, que su ideal de hablar y escribir como los romanos, en su mismo latín y con sus mismas reglas, cimentó lo que podríamos llamar "Primera Unión Europea" en el sentido moderno; una Unión que se basaba no en la supresión de fronteras, sino en la utilización del latín clásico como lengua de comunicación y expresión común y universal, por delante de las ya más habladas lenguas vernáculas de cada territorio. Es justo reconocer, con todo, que esa Primera Unión Europea que abarcaba incluso más de lo que ahora mismo abarca nuestra EU, no hubiera sido posible sin la labor evangelizadora (para bien o para mal) del cristianismo durante toda la Edad Media y muy especialmente durante el llamado Renacimiento Carolingio, ya que extendió el uso del latín incluso donde un romano jamás había puesto sus pies. Por eso la nómina de humanistas del Renacimiento se expande desde Italia y abarca en su círculo desde Finlandia hasta Portugal, sin que haya habido país en Europa ajeno, en mayor o menor medida, al movimiento.

    Al inventarse la imprenta y extenderse su uso se pasaron rápidamente todos los textos latinos disponibles para evitar su desaparición y la acumulación de errores propiciados por la copia manuscrita. Pronto llegó el turno también a los textos griegos. Sin embargo, no todos los textos que había fueron descubiertos, ni todos bien editados. Hubo que esperar al siglo XIX para que el rigor crítico en la edición de textos –y nótese que seguimos hablando siempre y sólo de textos latinos y griegos- volviera a la filología de la mano de K. Lachmann, quien sentó las bases de la crítica textual moderna.

    Mas el XIX fue también el siglo en que florece el Romanticismo alemán. En lo que a los estudios filológicos respecta el movimiento se traduce en un interés por la Edad Media que los humanistas no habían tenido, en una revalorización del griego muy por encima del latín, pues veían en los griegos la cuna del arte y de la civilización que los romanos habían mecido, en el estudio de los orígenes de la propia lengua germana y el descubrimiento de su parentesco con lenguas lejanas, como el sánscrito, y en el estudio de las lenguas que durante esa Edad Media habían ido madurando, como diferentes evoluciones del latín, al mismo tiempo que el propio latín se había ido "acartonando" como lengua administrativa, eclesiástica, filosófica y, más tarde, en general, universitaria.

    Pues bien, el interés por esas nuevas lenguas derivadas del latín y que van formándose en la Edad Media es lo que justamente hace que nazca en Alemania la Romanística, con la publicación en 1835 de la inaugural gramática comparada de las lenguas románicas, escrita por F. Diez. Se distingue, de este modo, por primera vez, una filología distinta de la que estudiaba los textos latinos y griegos: nace la que hasta hoy llamábamos Filología Románica, mientras que la vieja Filología se sigue ocupando del estudio de todo lo demás, es decir, de la naciente comparación de lenguas y el consecuente descubrimiento de que las lenguas europeas proceden de un mismo tronco común, el primeramente llamado Indogermanisch, ahora Indoeuropeo, y del estudio de todo lo que concierne a la cultura, en el más amplio sentido, de la antigüedad greco-latina, es decir, en lo que F. A. Wolf denominó, para evitar la palabra "Humanidades" –que tantas connotaciones teológicas tenía-, Altertumswissenschaft o "Ciencia de la Antigüedad". Pero, a la vez, el interés alemán por el origen de su propia lengua da lugar a los estudios de Germanística, es decir, lo que hoy suele llamarse Filología Alemana. Ahora bien, el nacimiento de Romanística y Germanística (pronto se crearía la primera cátedra de lengua inglesa en Alemania, antes incluso que en Oxford) hizo que la vieja Filología reclamara, por así decirlo, una primacía en el estudio de las lenguas, el de las lenguas por antonomasia, es decir, el latín y el griego; y es por ello que la filología que se ocupa de ellas empieza a denominarse, en alemán, Klassische Philologie o Filología Clásica, como si fueran el modelo a imitar por las demás.

    A partir de entonces, y gracias al positivismo y al historicismo, irán desgranándose de ella (de la Klassische Philologie o Altertumswissenschaft) disciplinas constituidas en ciencias como la filosofía, la teología, la arqueología, el arte, la diplomática, la paleografía, la historia, etc., es decir, todas aquellas que ahora llamamos otra vez, en conjunto, "Humanidades". A la vieja Filología, ahora ya "Filología Clásica", le quedó nada más que el estudio de los textos que se reconocen como latinos o griegos desde el punto de vista de su correcto establecimiento o crítica textual y edición, el lingüístico, tanto sincrónico como diacrónico, el literario y, como una tarea añadida en los nuevos tiempos, el de su eventual y periódica traducción a las lenguas modernas.

    Digamos, en fin, que en las universidades modernas, cuya pionera fue la de Berlín, fundada en 1808, no había cátedra de latín, pues se entendía que toda preparación anterior se basaba en el conocimiento de la grammatica, es decir, del latín mismo con vistas a seguir después los estudios universitarios en otras materias: derecho, teología, filosofía, medicina, etc.

    El interés de un Grado en Estudios Clásicos y Románicos

    Con esta perspectiva histórica que acabamos de esbozar no debería sorprender el que propongamos en la Universidad de Oviedo dos itinerarios específicos, de Estudios Clásicos y de Estudios Románicos, que comparten un único Grado. Esto tiene completo sentido si tenemos en cuenta que ambos itinerarios se ocupan, fundamentalmente, de lenguas de las que ahora se denominan de corpus, es decir, conservadas por escrito, más o menos con un principio y un final, por mucho que cada día aparezcan nuevos textos que las hacen inagotables; si bien en el ámbito de los Estudios Románicos no podemos olvidar la importancia de la investigación dialectológica, las aportaciones de la geografía lingüística, los procesos de normativización y normalización, entre otros. En este sentido, no debemos olvidar, como hacíamos notar en nuestra pequeña semblanza histórica, que la tradición de la Filología se basa precisamente en el estudio del texto conservado, sea de la época que sea, no propiamente en el de la lengua viva y hablada. Además, la formación de un romanista debe asentarse en un conocimiento suficiente del latín, lengua de la que derivan las diferentes lenguas románicas.

    El hermanamiento, pues, de nuestros respectivos estudios en un Grado en Estudios Clásicos y Románicos parece plenamente justificado, tanto en el plano histórico, como en las actuales circunstancias de la Universidad de Oviedo.

    Decíamos más arriba que la Filología Clásica venía a ser como los ojos que nos permiten ver el "tesoro de la obviedad" que es nuestro mundo contemporáneo, nuestra concepción de él y, en especial –añadámoslo ahora- de lo que es la Europa que queremos construir. Esto se comprenderá ahora muy bien si se ponen de manifiesto algunos hechos que, no por conocidos, debemos dejar de explorar.

    En efecto, una de las aportaciones más importantes que, inconscientemente, el mundo romano hizo a la Humanidad fue la conquista de un vasto territorio que, en los tiempos de mayor expansión, iba desde Mesopotamia hasta Lusitania y desde todo el norte de África, Egipto incluido, hasta la Germania inferior y buena parte de la principal isla británica. Las consecuencias de este hecho se tradujeron en que los pueblos conquistados por gentes que traían otra cultura fueron dominados por esa cultura hasta el punto de ser partícipes de ella en todos sus modos. Es lo que se denomina romanización. Desde luego, tal romanización no fue igual de profunda en todas partes, pero sí que dio una cierta uniformidad a todo el territorio, máxime cuando se extendió a todos sus habitantes la ciudadanía romana, con todos los derechos que conllevaba.

    Ahora bien, de la misma manera que los pueblos conquistados fueron absorbidos por la cultura romana, así también previamente los romanos, ya desde que conquistan toda la Península Itálica y, mucho más, cuando conquistan la vieja Grecia, se dejaron conquistar por la superioridad cultural que este pueblo mostraba sobre ellos.

    El resultado fue que lo que supuso la romanización europea comparte en grandísima medida lo que supuso la helenización de los romanos, es decir, la transmisión de unos valores, unas creencias, unos principios de actuación fundidos ahora en una nueva cultura que, si se transmitió mediante la romanización, tenía un contenido netamente greco-romano.

    Mas hay un tercer factor que desempeñó un papel crucial en la configuración de nuestra cultura actual: la irrupción del cristianismo en la vida del imperio y su rápida extensión por él. Más aún, fue el cristianismo el que propició que durante la Edad Media, una vez liquidado el Imperio Romano de Occidente, los nuevos pueblos conquistadores se dejaran a su vez conquistar por una cultura comprometida ahora con una nueva religión, el cristianismo, que también esos pueblos adoptaron. El hecho es que esta religión, que había adaptado y acomodado a sí misma muchas de las viejas creencias y costumbres romanas, y la lengua que le servía de vehículo, el latín, se extendieron ahora por toda Europa de norte a sur y de este a oeste, lo que permitió incorporar a su contingente cultural a pueblos que antes no habían sido conquistados, como la Germania Magna misma. Estamos hablando, pues, de una Europa unida en lo cultural y religioso, aunque no en lo político.

    La unión política, parcial, llegó de la mano de Carlomagno y él mismo fue el promotor de un renacimiento basado otra vez en la cultura greco-latina, y muy especialmente en sus textos, que devolvió al territorio, ahora unificado, unos renovados pilares que nunca habían quebrado del todo. La necesidad que Carlomagno tuvo de las instituciones eclesiásticas, auténticas depositarias del saber tradicional, fue quizá lo que impidió que comprendiera la, sin embargo, también necesaria separación de los poderes político y religioso, cuya interdependencia se iba haciendo cada vez más estrecha.

    Esa separación llegará de la mano de los primeros humanistas italianos, auténticos y primigenios protagonistas del Renacimiento que se extenderá desde las letras a todas las artes y ciencias. La importancia de este Renacimiento nacido del interés de unos pocos por instruirse, como aquellos filólogos alejandrinos en su viejo Homero, ahora en los redescubiertos Cicerón, Tito Livio, César, Horacio, Virgilio y demás autoridades que habían escrito en un latín de verdad –muy distinto de ese latín artificial, influido por la retórica de su tiempo, el del ars dictaminis o arte de dictar (cartas), que habían heredado y que mediaba entre ellos y sus admirados modelos, es decir, muy distinto del Latín Medieval-, la importancia decimos de este Renacimiento reside en que permitió, por primera vez en Occidente, una radical ruptura y separación entre religión y vida.

    Pero hay un aspecto de la romanización que aún no hemos tocado y que tiene que ver especialmente con la Filología, a saber: el de la latinización o fenómeno en virtud del cual los pueblos conquistados –y más tarde los conquistadores- adoptaron el latín como lengua de uso, en detrimento de las suyas propias.

    Con la fragmentación del Imperio Romano tras su derrumbe y con la formación de nuevos reinos, aislados muchas veces unos de otros por razones geográficas o políticas, fueron configurándose, al socaire de la evolución natural del latín, las llamadas lenguas vernáculas o románicas que darán lugar después a nuestras actuales lenguas románicas modernas, como el español, el francés, el rumano, el portugués, el catalán, etc.; a su vez, ese latín evolucionado formará buena parte del sedimento de otras lenguas que, no siendo románicas, sí ofrecen un porcentaje más o menos importante de elementos de este origen.

    Este hecho, la presencia del latín como base de muchas lenguas modernas, explica la necesidad de conocerlo como trampolín desde el que saltar al conocimiento interno de cualquiera de las lenguas románicas, a las que se ha de añadir el inglés, y sus múltiples dialectos.

    Mas no sólo el latín es necesario en esta tarea; la labor quedaría incompleta sin reconocer el genio griego, del que los romanos, occidente y otros pueblos, son aún deudores, en algunas facetas estructurales de nuestra civilización. Señalaremos dos: por un lado, el invento del alfabeto, adoptado y transmitido por los romanos, un procedimiento de escritura cuya sencillez todavía asombra; por otro lado, el invento de los géneros literarios: la épica, el drama (trágico y cómico), la oratoria, la historiografía, la lírica, la novela… formas de arte literario que han adoptado todos los pueblos de la tierra, pero que tienen en los griegos sus únicos inventores geniales.

    Como se ve, la presencia del mundo greco-romano es tan obvia que ni nos damos cuenta de la importancia que tiene. Cada vez que escribimos una letra estamos evocándolo. Por eso decíamos al principio que una mínima formación cultural debería hacer innecesaria esta larga justificación del Grado que proponemos. Los tiempos han cambiado, pero la historia y los hechos quedan y perduran: sólo hace falta que alguien los ponga de manifiesto… Y esa es precisamente nuestra obligación: ponerlos de manifiesto en esta pequeña parcela que la sociedad, gracias a las autoridades universitarias, aún nos deja.

    La Filología Clásica en la Universidad de Oviedo: reseña intrahistórica y potencial académico y científico

    Insertos en el amplio campo de aquella tradición filológica, también los estudios clásicos tuvieron su importancia en la constitución de la Universidad de Oviedo. En efecto, sus orígenes se remontan al siglo XIV, momento en que Oviedo cuenta ya con una escuela catedralicia de la que aún quedan vestigios en la antigua biblioteca de su archivo. Mas hemos de trasladarnos, sin embargo, al siglo XVI para asistir a su nacimiento. El momento llega cuando el Gran Inquisidor de España, Fernando Valdés Salas, rico y muy influyente, deja toda su fortuna en manos de su sobrino para que este lleve a cabo el proyecto de fundar, en el norte (cantábrico) de España, la única Universidad que habría de existir, en cuanto que institución fundada al modo tradicional, hasta hoy. Fueron muchos los avatares e intereses que retrasaron la concreción del empeño. Sólo cincuenta años después de la muerte del Inquisidor, en 1608, pudo hacerse realidad su sueño de que existiera una Universidad norteña capaz de acoger a estudiantes procedentes sobre todo de Asturias y, en particular, a los de la escuela de Gramática (por supuesto, latina) que se ubicaba frente al actual Edificio Histórico, en la calle San Francisco. De hecho, la principal motivación del fundador fue que los estudiantes de la escuela de Gramática pudieran continuar sus estudios sin el problema que conllevaba el desplazamiento a otras universidades, especialmente la de Salamanca, y el consecuente gasto económico que ello implicaba y que muy pocos podían afrontar; pero también acudieron alumnos, como aún sucede hoy en día, de las cercanas provincias de Lugo y Santander.

    En un principio se instituyeron enseñanzas de teología, letras y derecho, siempre en latín, como era de rigor. La lengua latina y su estudio no era un fin en sí misma, sino un instrumento sin el cual no era posible leer ni estudiar nada que tuviera que ver con la ciencia. La importancia de su conocimiento estaba fuera de toda duda para el estudio de cualquier materia. No son broma dichos populares como el que rezaba "es buen médico: sabe mucho latín".

    De los avatares que sufrió nuestra Universidad sólo tenemos testimonio directo desde el siglo XX, cuando Fermín Canella decide escribir su Historia, en conmemoración de su tercer centenario; los destrozos de la Revolución de Octubre de 1934 y, pese a su reconstrucción, los de la Guerra Civil, hicieron que se perdiera el archivo antiguo del que bebió Fermín Canella, y que sólo a partir del rector Leopoldo Alas, tristemente célebre por haber sido fusilado el 20 de febrero de 1937, sin motivo, inocente, tan sólo por sus ideas republicanas, tengamos testimonio de esas actas, con excepción de las que corresponden al periodo de la Guerra Civil.

    La implantación de un plan de estudios en la enseñanza media que daba una importancia notable al latín y al griego y las penurias económicas de nuestra universidad –que incluso estuvieron a punto de hacerla desaparecer a favor de su traslado a la cercana Santander- hicieron imposible la creación de cátedras específicas de la materia hasta la década los años 50. Creada la cátedra de Filología Latina de esta Universidad, tras un concurso-oposición, fue obtenida por el profesor Ricardo Castresana, que la desempeña hasta su traslado a Salamanca. Su marcha propicia el acceso a la cátedra de la profesora Carmen Codoñer, en 1968. Para entonces hacía años que funcionaban ya los estudios de Románicas, auténticos pioneros de la promoción de otros estudios de letras, como los de francés o español, que acabaron independizándose. Poco más tarde, tras la marcha a Salamanca de la profesora Codoñer, toma posesión en 1972, José Luis Vidal; mas su estancia en Oviedo fue muy breve. De inmediato volvió a su destino natural en Barcelona, donde pronto obtendría nueva cátedra mediante traslado.

    En octubre de 1974 se incorpora a la Universidad de Oviedo el profesor Manuel García Teijeiro después de haber obtenido por concurso-oposición la Agregación de Filología Griega, y de inmediato comienza a dar los primeros pasos efectivos para la creación de la especialidad de Filología Clásica. Por su pronto traslado a la Universidad de La Laguna (septiembre 1977), el impulso final lo da el profesor José Luis Moralejo, como nuevo catedrático de Filología Latina, cuya permanencia en esta Universidad duró desde 1975 a junio 1991, dieciséis años de fecundo magisterio. La acción conjunta del profesor Moralejo con los profesores que desempeñaban su docencia en el Departamento de Filología Clásica (de Filología Griega los profesores Cristóbal Rodríguez Alonso y Manuela García Valdés, de Filología Latina los profesores Francisco Pejenaute e Inés Illán, y de Indoeuropeo Julia Mendoza; algo más tarde se incorporan los profesores Engracia Domingo y Perfecto Rodríguez), fue lo que propició la creación y desarrollo de la especialidad de Filología Clásica, con una duración de dos años, a seguir después de los tres años de comunes (estructura semejante a la de las demás titulaciones universitarias). Este grupo de profesores con gran competencia e ilusión pone en marcha, en el edificio antiguo de la Plaza de Feijóo, la especialidad. En 1980 sale la primera promoción, algunos de esos licenciados y de promociones posteriores siguen en su formación vinculados a la Universidad. Tras superar las pruebas pertinentes, se incorporan como profesores Titulares, y son parte de los que componen el actual Departamento en la Sección de Filología Clásica.

    La cátedra de Filología Griega (en aquellos años las denominadas Agregaciones pasan a Cátedra), tras un concurso-oposición, la obtiene el profesor Luis F. Guillén Selfa, que permanece en ella desde 1984 hasta junio 1988. Su traslado a la Universidad de Zaragoza, origina un nuevo concurso-oposición y en marzo de 1990 toma posesión la actual titular de la Cátedra, la profesora Manuela García Valdés.

    Por su parte, del área de Lingüística Indoeuropea de esta Universidad de Oviedo salieron algunos de los pocos indoeuropeístas que profesan en España. En la actualidad, el único miembro de que dispone el área (el profesor Martín Sevilla Rodríguez) cuenta con acreditación como catedrático.

    El resto del personal de la especialidad se compone de diversos y bien formados especialistas, titulares, asociados, ayudantes y becarios de Investigación, procedentes de esta y de otras universidades, en los distintos campos que abarcan las áreas de latín, griego e indoeuropeo.

    La consagración del éxito de la especialidad se certificó con los cursos de Doctorado sucesivos, la lectura de numerosas tesis de Licenciatura, tesis Doctorales, la creación de nuevas plazas de Profesores Titulares de Latín y Griego y de una segunda Cátedra de Filología Latina, ocupada esta vez por el profesor Francisco Pejenaute, hoy jubilado como profesor Emérito Honorario. La marcha del profesor Moralejo a la Universidad de Alcalá de Henares (1991) propició la incorporación, tras un concurso-oposición, del actual titular de la cátedra, el profesor Juan María Núñez. Por lo demás, el área de Filología Latina ya cuenta con dos nuevos profesores acreditados como catedráticos.

    Nuestro potencial docente se refleja bien a las claras en las muy diversas materias que somos capaces de dar, como se puede ver en los planes docentes actuales y pretéritos. Esas materias, en lo que se refiere al griego, abarcan desde la enseñanza del micénico, primera forma del griego (aún silábico) conocida y perteneciente al siglo XIII a C., hasta la del griego bizantino y moderno, pasando, por supuesto, por el griego clásico, principal centro de nuestro interés docente, la dialectología griega, la literatura, las distintas lingüísticas, epigrafía, ecdótica, crítica textual, mitología, etc.

    En lo que se refiere al latín ocurre otro tanto. Contamos con especialistas en todas las ramas importantes de su saber: en literatura, métrica, lingüísticas, latín arcaico, clásico, vulgar, tardío, medieval, renacentista, epigrafía, paleografía o codicología.

    Igual ocurre en el campo de la Lingüística Indoeuropea, tradicionalmente adscrita a nuestros estudios, donde, además del Indoeuropeo propiamente dicho, materia instrumental de primer orden, se enseña también regularmente el Antiguo Indio, lengua esencial para el conocimiento de la evolución del Indoeuropeo en general.

    Pero la forma más fácil de comprobar nuestro potencial docente reside en nuestro potencial investigador, fácilmente comprobable a través de páginas web específicas de sus profesores o en páginas especializadas en publicaciones del gremio. Con todo, es el respeto internacional que nos hemos ganado, tanto indoeuropeístas, como helenistas y latinistas el que ha propiciado el que hayamos sido sede organizadora de importantes congresos internacionales o que vayamos a serlo muy próximamente en alguna de nuestras materias. Muchos de los profesores del departamento, además, han gestionado o participado o gestionan o participan en diversos proyectos de investigación de rango nacional, alguno de los cuales, muy vinculado a nuestra región por ocuparse de los olvidados manuscritos latinos de la catedral de Oviedo, ha dado frutos maduros en forma de memorias de licenciatura, trabajos de investigación o tesis doctorales, todos ellos ampliamente galardonados.

    Al mismo tiempo, la participación de nuestro Departamento en distintos convenios de intercambio Erasmus hace que el mismo "efecto llamada" que produce entre los estudiantes de otras provincias la calidad que ofrecemos sea motivo de que otros tantos estudiantes de otros países se sientan más atraídos por nuestra universidad que por otras quizás de mayor renombre.

    La Filología Románica en la Universidad de Oviedo: reseña histórica y potencial académico y científico

    El abandono del latín como lengua universitaria corrió parejo a un creciente interés por las lenguas romances. En España esto se patentiza con el Plan Pidal que en 1845 integra los antiguos estudios de Artes de Oviedo en la nueva Facultad de Filosofía, que ofrecía un periodo elemental o Bachillerato y otro de Ampliación, éste con una sección de Letras junto a otra de ciencias, de la que se separaría en 1857 en que nace la Facultad de Filosofía y Letras.

    Creada la Facultad de Filosofía y Letras a partir de la Ley Moyano de 1857, hubo de vivir por esos años una existencia muy precaria (pues se limitaba a impartir un curso preparatorio con una asignatura de Filosofía, otra de Lengua y Literatura española y otra de Historia de España, para acceder a los estudios de la Facultad de Derecho o a los de otras Universidades), llegando a desaparecer entre 1867 y 1884, como revelan sus datos de matrícula. El atraso cultural de España explica que por estos años la filología románica y las lenguas romances extranjeras estuviesen ausentes de las universidades españolas (no así p. e. de las alemanas). La necesaria renovación de los programas se producirá merced, en gran medida, al magisterio de la Escuela Superior de Diplomática de Madrid (1854-1874). En Oviedo esta renovación estuvo a punto de darse con el nombramiento en 1885 de Antoni Rubió i Lluch (catalanista, romanista, helenista y medievalista insigne) como catedrático de Literatura general y española, pero su marcha a los pocos meses a la Universidad de Barcelona lo malogró. Tampoco tuvieron continuidad las lecciones de Lenguas francesa, inglesa y alemana dadas por Julián Orbón en esta universidad en torno al año 1884.

    En estos últimos años del XIX y primeros del XX, la única lengua romance que, aparte de la castellana, tenga alguna acogida en la Universidad de Oviedo será, por razones evidentes, el asturiano. Y no nos referimos al uso literario que el bable tuvo entre figuras notables de esta universidad como Justo Álvarez Amandi (decano en 1897 de la Facultad de Filosofía y Letras), Benito Canella Meana (secretario de la Universidad y padre del que fuera rector y estudioso del asturiano, Fermín Canella) o Félix Aramburu (rector entre 1886 y 1894), sino a la enseñanza de su materia (especialmente la literaria) que se produce a través de ese instrumento tan fecundo que fue la Extensión Universitaria, donde se dieron lecciones de Poesía bable (por el poeta José Quevedo) en el curso 1903-1904, tema sobre el que años más tarde (en 1922) departiría otro de sus profesores, Benito A. Buylla. En realidad el interés por la literatura bable nunca había estado ausente de nuestras aulas, como muestran los certámenes poéticos celebrados entre 1871 y 1907 donde siempre la poesía en asturiano obtuvo galardón (así, p.e. en el homenaje que la Universidad de Oviedo dispensó en 1881 a Calderón en su tercer centenario o en las celebraciones de 1907 para el Tercer Centenario de la Universidad de Oviedo).

    Los contenidos romanísticos y la enseñanza reglada de una lengua románica extranjera no aparecerán hasta 1939, cuando nace la licenciatura en Filosofía y Letras, que al año siguiente crea la sección de Filología Románica. La filología románica estaba integrada con la española y la francesa, pues sólo a partir de 1965 se crean dos subsecciones, una de español y otra de francés. La licenciatura disponía en aquellos primeros años de un único catedrático, que no lo era de Filología sino de Historia de España, Juan Uría Ríu. Los Cursos de Verano, creados en los años 40 por el rector Sabino Álvarez Gendín, atraerán también a Oviedo, aunque fugazmente, a importantes intelectuales como Marañón o Menéndez Pidal.

    Como ya ocurriera en el siglo anterior, Oviedo era para muchos catedráticos un destino al que ni siquiera se llegaban a incorporar (casos como los de Rafael de Balbín Lucas o Felipe Mateu Llopis), y sólo unos pocos maestros, pero de singular altura intelectual, como Antonio Floriano Cumbreño (catedrático de Paleografía desde 1944) o Emilio Alarcos Llorach (de Gramática Histórica desde 1950) ejercerán una labor dilatada y podrán llegar a crear escuela.

    La primera cátedra de Filología Románica fue ocupada entre 1957 y 1961 por José Luis Pensado. De este modo, la universidad asturiana podía enorgullecerse de contar con uno de los cuatro catedráticos que había en España en 1958: Dámaso Alonso en la Complutense de Madrid, Alonso Zamora Vicente en la de Salamanca y Álvaro Galmés de Fuentes en la de La Laguna. La marcha de Pensado a Salamanca hizo que varios profesores (Manuel Moya, José Manuel González, Josefina Martínez y Rutilio Martínez-Otero) se ocupasen de forma interina de sus clases hasta la llegada de un nuevo catedrático.

    Tras su paso por la Universidad de Tenerife y después de varios años en la de Munich, Álvaro Galmés de Fuentes se incorpora durante el curso 1964-1965 a la Cátedra de Filología Románica de Oviedo, donde ejercerá 23 años de fecundo magisterio, que aún podrá continuar en la Universidad Complutense (en la cátedra que en su día ocupó Ramón Menéndez Pidal) hasta su muerte en 2003. En Oviedo Galmés llevó a cabo una intensa actividad que pronto contó con el apoyo de nuevos profesores adjuntos y ayudantes: José Ramón Fernández, a partir de 1966; Antonio Vespertino Rodríguez, desde 1968, Ana María Cano, desde 1972, Mercedes Sánchez Álvarez, y otros más que acabarían eligiendo otros destinos.

    La importancia de los Estudios Románicos (dada la proyección lograda por entonces) fue reconocida con la creación de otra cátedra en 1982, que fue ocupada por el profesor José Ramón Fernández. Su interés, dentro de una amplia formación romanística, por el occitano (de larga tradición de estudio, ya antes de 1966, con el profesor Hans Reinhardt) iniciaba una vía de especialización, necesaria en nuestros estudios, que otros romanistas habrían de seguir en el futuro. Así la lengua italiana, área romanística que contó con la dedicación docente de A. Fratarcangeli, R. Artime, M. Pellitero, F. Díaz y B. Fáñez, en activo aún estos dos últimos. En la actualidad la Filología Italiana es área de conocimiento autónoma, que posee ya cátedra propia y que, merced al incremento de sus asignaturas en los anteriores planes de Filología Románica, ha visto también aumentar el número de sus profesores. Por su parte los estudios portugueses nacen en esta universidad a partir de la reforma del Plan de 1976 y, desde entonces, están encomendados a una profesora titular, M. S. Teruelo, perteneciente ahora al área de de Filología Gallega y Portuguesa, que en los últimos años tiene la colaboración de nuevos profesores en esa área. El camino seguido por estas dos áreas es paralelo al recorrido por los profesores de Filología Francesa, que ya era una especialidad autónoma desde el plan de 1976, y que en 1978 se desgajará de Románicas creando un Departamento propio de Lengua y Literatura Francesas.

    El traslado de Galmés a Madrid supuso perder a uno de los máximos representantes de la Filología Románica en nuestra región, pero su cátedra será cubierta por su más cercano discípulo, Antonio Vespertino Rodríguez, que desde ella (a partir de 1989) mantendrá hasta la actualidad la llama viva de los estudios aljamiado-moriscos, temática predilecta del maestro y objeto de muchas de las tesis desde entonces leídas, que es asimismo materia de gran proyección internacional para nuestra universidad a través de sus numerosas publicaciones, congresos y proyectos de investigación de ámbito nacional. Los sucesivos planes de estudio de Filología Románica habían cuidado siempre de mantener asignaturas del Área de Estudios Árabes, de lo cual era seña de identidad más propia la asignatura de Árabe para romanistas (hoy Filología Árabo-Románica). Tras producirse el paso del Área de Árabe al Departamento de Filología Española en 2003, han de ser sin embargo motivo de satisfacción los muchos logros que se han alcanzado estos últimos años, fruto de la colaboración entre las áreas de Lengua Española, Estudios Árabes y Filología Románica.

    El alto nivel científico alcanzado por los profesores del área fue de nuevo reconocido en 1999 con la creación de una tercera cátedra de Filología Románica, que obtendrá la profesora Ana Mª Cano, avalada romanista y especialista en Filología Asturiana. El impulso dado por ella a esta disciplina favoreció que la Filología Asturiana lograse acomodo, desde 1984, en nuestros planes de estudio. Fuera de estos planes, en 1993 se ponía en marcha, con el esfuerzo de algunos profesores del Departamento de Filología Clásica y Románica y del de Filología Española, el Título Propio de Experto y también el de Especialista en Filología Asturiana. Toda esta tradición docente e investigadora confluye ahora en la creación del Minor en Asturiano, en cuya docencia se han implicado conjuntamente profesores de Hispánicas y de Románicas. Todo ello es resultado del dilatado y profundo interés en el estudio de las lenguas y literaturas románicas minorizadas por parte de los profesores de Filología Románica de Oviedo, que se ha venido plasmando en numerosas publicaciones, congresos, proyectos de investigación regionales y de I+D, y contratos con empresas.

    Desde el año 1999 los profesores de románicas han asumido también la docencia de un área afín, que no disponía de profesorado, al activar las asignaturas de Catalán y de Historia de la lengua catalana. Se cumplían así los deseos expresados por nuestras autoridades académicas durante el primer "Coloquio sobre cultura y comunidades autónomas en España: Asturias y Cataluña", celebrado en la Universidad de Oviedo en 1983. La próxima firma de un convenio de colaboración entre la Universidad de Oviedo y el Institut Ramon Llull potenciará la enseñanza del catalán. Todo ello asegura la necesaria permanencia de la Filología Catalana en el nuevo Maior y Minor en Estudios Románicos, permanencia aún más vital dada la orientación sociolingüística y el interés por las lenguas y literaturas minorizadas del nuevo Grado.

    Asimismo, todo el conjunto de estudios románicos se ha venido reforzando no solo con la dotación de cátedras sino también mediante la convocatoria, para el área, de plazas de profesor titular, asociado y ayudante, y de puestos de becarios. El hecho de que dos de esas plazas tuviesen una orientación literaria clara, vino a afianzar la tradición de estudio de las literaturas románicas comparadas que había sido inaugurada por Galmés de Fuentes. Dentro de éstas, la atención preferente hacia las literaturas minorizadas por razones religiosas (la literatura aljamiada) o lingüísticas (la literatura asturiana, catalana y gallega) y hacia la oralidad ha sido una constante, tanto en la docencia como en la investigación, en los últimos veinte años, y seguirá siéndolo en el nuevo Grado en Estudios Clásicos y Románicos. Sin renunciar ni al pasado ni a la innovación, se ha querido mantener la tradición filológica, medievalista y comparatista de nuestros estudios, y al mismo tiempo aplicar las más actuales teorías literarias (estudios sobre el canon, estudios postcoloniales, multiculturales, feministas, neohistoricistas, etc.) a nuestras disciplinas.

    De igual modo, la incorporación de profesores titulares y ayudantes con un perfil más dedicado a la lingüística románica, además de fortalecer los estudios lingüísticos, de tanta tradición en Oviedo, ha renovado los estudios occitanos, con casi medio siglo de dedicación docente, al introducir nuevas visiones que proceden de la pragmática lingüística y el análisis del discurso y de la historia de los tipos discursivos, de especial provecho en la investigación sobre diacronía. Toda esta renovación interna de la materia lingüística corre pareja a un creciente interés por la sociolingüística y por los fenómenos de plurilingüismo y contacto de lenguas, tanto en el ámbito europeo como en el no europeo, interés que queda bien patente en el diseño del módulo de Sociolingüística románica del nuevo Grado. La actualización llevada a cabo pretende aplicar los métodos y las teorías de la lingüística moderna (los métodos sociológico, pragmático y cognitivo; y las distintas corrientes de la gramática funcional, la gramática generativa, la lingüística textual y el análisis del discurso) que está desembocando en unos buenos resultados en la docencia y en la investigación, y que ofrece para el futuro un panorama prometedor y halagüeño.

    Entre los dos polos fundamentales de la lingüística y las literaturas románicas nuestros profesores desarrollan, en proporción diversa, sus investigaciones en Filología Románica, que se plasman en monografías y artículos en revistas de prestigio, en homenajes y en actas de congresos. La participación de alguno de estos profesores en varios grupos de investigación, la dirección de dos revistas (una bibliográfica y otra de investigación) y la dirección de proyectos nacionales (el último concedido hace apenas un mes) son muestra del alto nivel alcanzado y garantía del éxito en la investigación.

    Los nuevos campos y métodos de investigación tienen su correlato en su potencial docente. Este potencial tiene sus principales fortalezas en sus profesores más jóvenes e innovadores, que están trayendo al terreno clásico de la filología románica nuevos planteamientos (la lingüística de corpus, la lexicometría, la neología, etc.) y un mayor interés por la lingüística aplicada. Así pues, el alto nivel mantenido desde hace décadas (patente en las altas valoraciones que han tenido sus docentes) podrá ser previsiblemente continuado en los próximos años.

    Actividad docente e investigadora

    El resultado de todo el trabajo que desempeñan los profesores y demás personal del Departamento de Filología Clásica y Románica de la Universidad de Oviedo tiene también una consecuencia más inmediata.

    Desde la constitución de la especialidad de Filología Clásica y la consecuente expedición de su título por la Universidad de Oviedo (1974) hasta hoy (2009), han transcurrido 35 años. En ellos, se han sucedido diferentes planes de estudios que los distintos miembros que han pertenecido y renovado el Departamento han ido acomodando al empeño de garantizar siempre la mejor formación posible de los alumnos. El efecto más claro de ese empeño ha sido, por una parte, el que desde hace muchos años estamos a la cabeza de los Departamentos mejor valorados de toda la Universidad; por otra, la satisfacción de prestar un servicio la sociedad en general y la asturiana en particular.

    En efecto, este servicio se ha traducido durante todo este tiempo en que, pese a los continuos recortes que sufren nuestros estudios en las enseñanzas medias, hemos llenado las aulas de los ahora llamados Institutos de Enseñanza Secundaria de toda España de antiguos alumnos titulados en nuestra Universidad que han obtenido su plaza en oposición libre, incluso por delante de los tradicionalmente más beneficiados profesores interinos. Este fenómeno, el de que los alumnos de la Universidad de Oviedo suelen ganar siempre plaza, ha producido también un "efecto llamada" que se traduce, ante todo, en la preferencia de nuestra Universidad por parte de estudiantes de la vecina Cantabria y de la también vecina provincia de Lugo.

    Con la nueva titulación que proponemos, similar a la de universidades de prestigio como las inglesas de Oxford o Cambridge, la alemana de Múnich o la italiana de la misma Bolonia, pensada y diseñada una vez más, como en planes anteriores, para que los alumnos obtengan la más alta formación en nuestras dos materias clave (latín y griego: en realidad, dos grados simultáneos), estamos seguros de que nuestro alumnado, vocacional donde los haya, seguirá en condiciones de poder competir en oposiciones libres con alumnos procedentes de otras universidades españolas y extranjeras. Digamos que la relativa falta de tradición de nuestros estudios en esta universidad (si la comparamos con otras como la Complutense o la de Salamanca, mucho más rodadas en andadura) la hemos suplido a base de una calidad que pretendemos que no disminuya ni un ápice, a pesar de la escasa preparación con que nos llegan los alumnos.

    Pero, además, frente a lo que ocurre en las titulaciones monolíticas ofrecidas por otras universidades españolas, la nuestra, estructurada sobre la base de un Maior y un Minor, no se ha encerrado en sí misma, sino que ha buscado, en el mercado de otras titulaciones, minores con los que los estudiantes puedan completar mejor la formación que queremos para ellos. Es así como queremos conseguir que los graduados y graduadas en Estudios Clásicos y Románicos por la Universidad de Oviedo estén preparados para acceder a puestos de trabajo en la enseñanza del Latín, Griego y Cultura Clásica en Secundaria y Bachillerato o dedicarse con total solvencia al ejercicio de las actividades profesionales o de investigación directamente relacionadas con los Estudios Clásicos y Románicos. También podrán acceder a otros puestos de trabajo que, en teoría, suelen parecer más apropiados para otro tipo de graduado, tales como los de dirección de relaciones comerciales de empresas con el exterior, gestión de recursos humanos, edición de textos en empresas del ramo, redacción en prensa escrita y periodismo en general, política y diseño de políticas culturales, marketing, programación informática y diseño de páginas web, creación de empresas, auxiliares, administrativos, gestores o técnicos de la administración pública, traductores, etc. Todos estos son ejemplos tomados de la misma realidad.

    Como queremos hacer ver, la formación en Filología Clásica constituye una plataforma capaz de conducir al graduado hacia cualquier campo de trabajo cualificado, pero especialmente hacia aquellos en los que el conocimiento de varios idiomas es importante. Nuestro grado, tal como siempre se planteó, pero más decididamente ahora, mediante el Minor, coloca al estudiante en disposición de aprender de un modo rápido cualquier lengua románica o germánica (suponiendo que ya sabe inglés) gracias a su conocimiento interno del latín y del griego y a su capacidad para reconocer formas de otras lenguas como el alemán, gracias a su conocimiento de la lingüística indoeuropea: esa facilidad es la que hace tan preciado a un graduado en clásicas, y algo muy similar puede decirse de quienes opten por los Estudios Románicos, enriquecidos en nuestro grado por una serie de materias de Estudios Clásicos, aunque obviamente sus conocimientos en estas materias serán mucho más básicos que los alcanzados por quienes sigan el otro itinerario.

    Por lo demás, el hecho de que las lenguas clásicas sean una de las asignaturas básicas de Humanidades y formen parte del plan específico de algunos grados de ese ámbito ya adaptados al EEES (en concreto en la Universidad de Oviedo el latín es asignatura básica en el Grado en Historia, y el griego, en el de Filosofía), nos permite disponer de un escaparate abierto hacia el resto de las Humanidades que nos garantiza –o eso esperamos- el que se conozca nuestro trabajo y la función social que sin duda tiene y el que se valoren nuestras materias como lo que son: dos pilares fundamentales de la compleja arquitectura del mundo contemporáneo que merece la pena conocer y dar a conocer.

    Por lo que se refiere al Maior de Estudios Románicos, destaca en él la importancia concedida a la lengua latina y a su literatura, imprescindibles para los estudios romanísticos de alto nivel y con perfil netamente filológico, también presente en los planes de algunas universidades europeas como la de Ginebra, que en sus B.A. y M.A. de Langues et littératures romanes da gran importancia al conocimiento del latín. También allí es patente el interés por las lenguas minorizadas, en concreto por el rético (módulos de Philologie romane et Linguistique, y de Langue et Culture rhéto-rromane). La Universidad de Cambridge ha sido también una referencia en el diseño del nuevo Grado, donde se ha querido dar un tratamiento exhaustivo de la variación lingüística, la lingüística histórica, la semántica y pragmática, la fonología y la morfología.

    Como subconjunto del Maior, las asignaturas de la rama de Románicas responden a una misma voluntad de renovación que comporta, a su vez, un deseo de tener un carácter propio frente los que ofrecen otras universidades. Entre las cinco universidades (Barcelona, la Complutense de Madrid, Girona, Salamanca y Santiago) que, con la de Oviedo, poseían titulación en Filología Románica, la nuestra será a partir de ahora una de las pocas (la Universidad de Barcelona será otra de ellas) en las que se mantenga el título como grado, hecho que de nuevo nos distingue y nos anima a proseguir.

    En el nuevo diseño se ha buscado potenciar aquellos saberes más pragmáticos, que habiliten hacia otras salidas profesionales distintas a la docencia, atendiendo así a las demandas sociales de formación y de empleo en la industria editorial y de la cultura en general, en la mercadotecnia, en la traducción e interpretación, en la investigación filológica, en las administraciones públicas, en el asesoramiento lingüístico y cultural, en los medios de comunicación, en la biblioteconomía y documentación, en la gestión y conservación del patrimonio inmaterial, en la gestión y conservación del patrimonio bibliográfico-documental, etc. Los contenidos del bloque de sociolingüística románica así como del de textos románicos han sido pensados desde un punto de vista eminentemente práctico, que no quiere descuidar aspectos vinculados a la materialidad del texto. Asimismo la inclusión de una asignatura de práctica oral y escrita del catalán, además de consolidar los estudios catalano-occitanos, de larga tradición, da respuesta a la demanda social y al interés creciente por esta lengua.

    Es previsible que entre los no muy numerosos y siempre vocacionales alumnos de Filología Románica se siga detectando un bajo nivel de paro, dada su sólida preparación intelectual y la versatilidad de su formación académica. Entre las últimas promociones de romanistas, son varios los egresados que trabajan en la enseñanza universitaria y en las enseñanzas medias, tanto en España como en el extranjero (como profesores de español y como lectores). Asimismo, desde hace tres años, la Universidad de Oviedo es una de las pocas sedes (junto con Madrid, Granada, Salamanca, Santiago de Compostela, Zaragoza, Sevilla y Vitoria) donde se realizan las pruebas que el Institut Ramon Llull convoca para la obtención de los certificados que acreditan el grado de conocimiento de lengua catalana, tanto a efectos académicos como laborales, que tienen la misma validez que los que expide la Generalitat. Los alumnos que han superado estas pruebas han visto ampliarse sus posibilidades de trabajo a las comunidades de Cataluña, de Baleares y de Valencia, y dado el alto nivel superado (B1 y B2 según el MCERL del Consejo de Europa), muy cercano al de suficiencia, han visto elevarse su categoría profesional.

    En definitiva, para afrontar un mundo científico y laboral cada vez más veloz y cambiante, el Maior de Estudios Románicos se concibe como un estudio integrador, a través principalmente de la filología, de toda la Cultura Europea y Occidental, desde sus orígenes hasta la actualidad, a través de una visión esencialmente transversal y comparatista.

    Termination of the Curriculum

    Adaptation to the Degree

    While waiting for the general regulations by the University of Oviedo, and always seeking to prevent students from being affected by the process, a process to adapt subjects has been created and detailed in the following table:

    View table of adaptation to the Degree

    Programs that cease to exist after the proposed Degree is established

    The establishment of this Degree by the University of Oviedo carries the supression of the current: Licenciatura en Filología Clásica y Filología Románica en la Universidad de Oviedo (Resolución de 14 de marzo de 1996, BOE del 6 de abril de 1996).