El título responde a la necesidad de formar profesorado en contenidos psicopedagógicos y didácticos que les capacite para afrontar las necesidades educativas que plantea al profesorado la etapa de Educación Secundaria Obligatoria, el Bachillerato, la Formación Profesional y la Enseñanza de Idiomas. La Ley Orgánica de Educación, en su artículo 100, establece que "la formación inicial del profesorado se ajustará a las necesidades de titulación y de cualificación requeridas por la ordenación del sistema educativo. Su contenido garantizará la capacitación adecuada para afrontar los retos del sistema educativo y adaptar las enseñanzas a las nuevas necesidades formativas". El título, pues, responde a la necesidad de formar al profesorado para que sea capaz de afrontar los desafíos de la educación del siglo XXI.
La Ley General de Educación de 1970 se plantea por vez primera la necesidad de realizar una intervención profesionalizadora en relación con el profesorado de Secundaria. El Curso de Aptitud Pedagógica (CAP) ha tenido aspectos positivos que deben señalarse: visualización de la necesidad de una formación psicopedagógica del profesorado, importancia de un período de prácticas, necesidad una mejora constante en los procesos de formación inicial y permanente, detección nueva necesidades de formación, etc., pero también señaló insuficiencias que era necesarios superar: título inadecuado y sin reconocimiento universitario, falta de recursos humanos y materiales, falta de una integración adecuada, selección de contenidos y de profesorado no siempre idónea, resistencias fruto de la tradición, etc.
Desde el año 1982 en que fue declarado inadecuado, se han venido realizando diversas tentativas para reorientarlo como la establecida en la Ley Orgánica 1/1990, de Ordenación General del Sistema Educativo, que crea el título de Especialización Didáctica que debía desarrollarse por acuerdo entre las Administraciones educativas y las Universidades y en la Ley Orgánica 10/2002 de Calidad de la Educación que estableció el título de Especialización Didáctica (TED). Pero, si bien introdujeron mejoras, no acabaron de resolver el problema. Definitivamente, con el proceso de convergencia europea en Educación Superior, la formación del profesorado de secundaria adquiere el rango de titulación académica y toma un claro perfil profesionalizador.
Si bien es cierto que "nadie enseña lo que no sabe", no es menos cierto que saber no es requisito suficiente para orientar y dirigir el proceso de enseñanza aprendizaje. La realidad educativa de la Enseñanza Secundaria ha experimentado en los últimos años cambios muy importantes y profundos. Este nivel de enseñanza ha dejado de ser una educación dirigida a minorías y orientada únicamente a servir de propedéutica para alcanzar los estudios universitarios, y se ha convertido en un nivel de enseñanza dirigido a toda la población. La complejidad y tecnificación del mundo productivo, la universalización de la información, los cambios que se han producido en la organización social, etc., exigen un mayor nivel de conocimientos, sujetos con mayor capacidad de juicio, una actitud de aprendizaje distinta. En definitiva, unos ciudadanos y ciudadanas mejor formados que permitan el ejercicio de una ciudadanía participativa y responsable. Estos cambios han hecho más patente, si cabe, la necesidad de formar buenos profesionales de la educación, capaces de dar respuesta a las complejas realidades de las sociedades modernas avanzadas sometidas a una dinámica de cambio constante.
Prueba de esa complejidad es que el profesorado debe atender cuatro niveles educativos con organización, objetivos y condicionamientos distintos. La Educación Secundaria Obligatoria que está destinada a toda la población, con 4 años de duración, y en la que se dan las mayores tensiones, a la vez que presenta un índice de fracaso elevado. La Formación Profesional de Grado Medio, de un año aproximadamente de duración, que tiene como finalidad garantizar una transición al mundo laboral especializada y que presenta en su seno un número elevado de itinerarios. El Bachillerato de dos años de duración, internamente segregado y con unos requisitos instructivos diferentes. Y la Formación Profesional Superior con una duración en torno a los dos años y con nivel elevado de complejidad. Una formación sólida inicial debe garantizar que el tránsito por las distintas etapas sea posible.
La perspectiva constructivista que se adopta en el Master sitúa a éste en el ámbito de la innovación e investigación educativa más innovadora en línea con los principales desarrollos de investigación tal y como se recoge en los Proyectos Eurydice de la Unión Europea.
Capacita para el diseño y desarrollo de proyectos de innovación educativa, a la vez que en su desarrollo práctico se ponen en contacto con las experiencias más innovadoras que se están llevando a cabo en esta comunidad.