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  • La Universidad de Oviedo chequea un helero en Picos de Europa para estudiar el cambio climático

    07 de Ochobre 2015

    Las escasas masas heladas que subsisten en la Cordillera Cantábrica, todas ellas en los Picos de Europa, son testimonio de un pasado glaciar y arrojan datos de interés sobre las transformaciones medioambientales actuales

    La Forcadona.

    Los heleros, masas de hielo sin dinámica, son testimonios del pasado glaciar de un territorio. Y son también un buen indicador de los cambios ambientales. Precisamente por eso, investigadores de la Universidad de Oviedo, entre otros centros, participan en los Picos de Europa en una campaña para el estudio de La Forcadona, uno de los cuatro heleros que se conservan en este macizo de alta montaña.

    Jesús Ruiz, profesor de Geografía de la Universidad de Oviedo y coordinador del equipo, apunta que estos heleros son la herencia de los glaciares que, en el caso de los Picos de Europa, estaban activos hace apenas un centenar de años. Ruiz explica que España mantiene estas masas de hielo únicamente en los Pirineos (junto a glaciares activos) y los Picos de Europa. Su estudio es relevante desde el punto de vista científico por la información que ofrecen sobre el cambio climático.

    La Universidad de Oviedo, en colaboración con las de Lisboa, Évora y la UNED, ha realizado un trabajo de campo para preparar el despliegue sobre el terreno de las herramientas que permitan la monitorización de la zona. El profesor de Geografía de la institución asturiana destaca que existe evidencia de cómo los cambios ambientales están afectando a los heleros. "Son ámbitos de gran sensibilidad que están en retroceso; pierden masa y superficie", comenta. El propósito del equipo de investigación es estudiar en detalle la estructura del helero, así como monitorizar el régimen térmico del manto de derrubios (fragmentos rocosos) que lo recubren, a fin de extraer conclusiones sobre la influencia de los cambios ambientales en estas superficies heladas.

    Los Picos de Europa son un territorio ideal para los investigadores de los heleros. Solo uno de ellos, el Jou Negro, en la cara norte de Torre Cerredo, está siendo estudiado en detalle por investigadores de la Universidad de Valladolid. La Forcadona, ubicado en el Macizo Occidental de Picos, no se ha analizado en profundidad hasta ahora.

    Los científicos coordinados por el profesor Ruiz están tratando de estudiar mediante distintas herramientas de geofísica la estructura del helero y, al mismo tiempo, han instalado instrumental para su control térmico durante una serie de al menos cuatro o cinco años.

    El tercer lago de Covadonga

    No es la única acción en la que participa este equipo multicéntrico. Los investigadores trabajan también en El Bricial, considerado popularmente por algunos como el tercero de los lagos de Covadonga. El Bricial es realmente lo que, en términos técnicos, se denomina una cubeta glaciokárstica, es decir, una área sometida en el pasado a una intensa erosión por un glaciar.

    Los trabajos sobre El Bricial no son nuevos. La Universidad de Oviedo lleva ya tiempo estudiando la zona. Jesús Ruiz indica que un sondeo permitió hace unos años obtener un testigo sedimentario de turba de hasta ocho metros que, según las dataciones de carbono 14 efectuadas, abarca todo el periodo llamado Holoceno, que comprende los últimos 11.700 años, la más reciente época geológica del periodo Cuaternario. El estudio de los sedimentos turbosos, que se está llevando a cabo en la Universidad de Lisboa, aportará información relevante sobre los cambios ambientales que ha sufrido la zona a lo largo del mencionado periodo.

    Además del sondeo efectuado, los investigadores también realizaron un trabajo sobre la geofísica de la cubeta, que ha permitido observar cómo funciona el llamado tercer lago de Covadonga. El geógrafo de la Universidad de Oviedo señala que, con la fusión de la nieve o con episodios de lluvia intensa, se producen avenidas de agua por parte del arroyo de Resecu, que desemboca en el Bricial en forma de cascada. En el fondo de la cubeta del Bricial hay un sumidero kárstico, que no tiene suficiente capacidad de drenaje del agua, lo que explica que la vega de la cubeta se inunde intermitentemente.

    Gracias a los estudios geofísicos hoy sabemos que los dos tercios orientales de la depresión glaciokárstica están ocupados en profundidad por una turbera que alcanza un notable espesor y pierde progresivamente contenido orgánico a medida que aumenta la profundidad, mientras que la porción occidental está constituida en profundidad por un depósito torrencial generado en el transcurso del tiempo por la desembocadura en cascada del arroyo de Resecu. Ambos sistemas, turboso/sedimentario de baja intensidad y torrencial, están presentes e interactúan a la vez en la vega del Bricial desde fechas anteriores al Holoceno.

    Los investigadores han aprovechado la campaña de trabajo de campo para realizar in situ una cartografía detallada sobre la cubeta y completar así los estudios sedimentológicos y geofísicos iniciados en el Bricial en años previos.

    Los seis científicos –cinco geógrafos y un geofísico– que han participado en el trabajo de campo son:

    Jesús Ruiz Fernández, Cristina García Hernández y David Gallinar Cañedo, por la Universidad de Oviedo.

    Marc Oliva, por la Universidad de Lisboa.

    Antonio Correia por la Universidad de Évora.

    Antonio Fernández, por la UNED.

     


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