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  • Un estudio revela que la caza de machos de urogallo afectó a su diversidad genética hasta diezmar su población

    22 de Septiembre 2015

    Una investigación publicada en ‘Conservation Genetics', en la que participa la Universidad de Oviedo, aporta nuevos datos sobre el declive poblacional de esta ave en la cornisa cantábrica

    El equipo que firma el trabajo tenía la sospecha de que era precisamente la presión de la caza excesiva sobre los machos, prohibida definitivamente en 1979, el desencadenante de esta caída demográfica. (Foto: Carlos Granda)

    La caza intensiva y selectiva de urogallos machos en la cordillera cantábrica hasta bien avanzado el siglo XX puede haber desencadenado el declive demográfico de la especie, actualmente en peligro de extinción. Esta es la hipótesis de trabajo de un equipo internacional del que forma parte la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad de la Universidad de Oviedo. Sus conclusiones han sido publicadas por la revista Conservation Genetics.

    El urogallo cantábrico, científicamente conocido como Tetrao urogallus cantabricus, es una subespecie del urogallo común muy amenazada por la pérdida de población. Las causas de su caída demográfica no estaban hasta ahora del todo claras. El estudio hace hincapié en las posibles consecuencias poblacionales de la caza de ejemplares, machos dominantes, durante la fase del cortejo, para ser exhibidos posteriormente como trofeos.

    Los científicos analizaron la información genética obtenida a partir de ejemplares cazados y disecados en la parte occidental de la cordillera cantábrica desde 1958

    Los investigadores han analizado para llegar a esta conclusión la información genética obtenida a partir de urogallos cantábricos cazados y disecados en la parte occidental de la cordillera cantábrica desde 1958, así como de las plumas recogidas en el campo en esta misma área geográfica hasta 2007.

    "Cada urogallo cazado implica retirar de la población los genes de ese individuo, especialmente si no ha tenido oportunidad de reproducirse todavía". Así lo explica María José Bañuelos, miembro de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad de la Universidad de Oviedo y coautora de la publicación. "La caza se realizaba en pleno cortejo de celo, momento en que los machos dominantes se exhibían y cantaban para atraer a las hembras", añade. Era este precisamente el peor momento. Los mejores ejemplares, aquellos que podían garantizar el relevo generacional, eran sistemáticamente eliminados. Los machos estaban en el punto de mira por su vivaz plumaje. Las hembras, más pequeñas, tienen un comportamiento más críptico, lo que las hacía menos apreciadas a ojos de los cazadores.

    El equipo que firma el trabajo tenía la sospecha de que era precisamente la presión de la caza excesiva sobre los machos, prohibida definitivamente en 1979, el desencadenante de esta caída demográfica. La información genética analizada sugiere que los investigadores estaban en lo cierto.

    Bañuelos destaca que el análisis de los datos apunta que esa eliminación de machos dominantes, de forma continuada en el tiempo, ocasionó algo más que una simple pérdida numérica de ejemplares. "En nuestros datos –comenta— se observa en primer lugar una disminución brusca de la variabilidad genética de los machos coincidiendo con la caza legal más intensa, que puede interpretarse como un descenso en la cantidad y/o en la calidad de los machos". Es lo que los investigadores denominan un cuello de botella genético.

    Los resultados van aún más lejos y apuntan que la caza de los machos pudo desencadenar un declive general al afectar también a las hembras. Así, años después de la prohibición, se observa también una disminución brusca, otro cuello de botella, pero esta vez en las hembras. "Nuestra interpretación es que este segundo cuello de botella pudo deberse a una caída del éxito reproductor de las hembras debida a la limitación en la cantidad y, quizá y sobre todo, en la calidad de los machos disponibles", apunta la investigadora de la Universidad de Oviedo.

    El equipo de investigación, en el que participan también expertos de la Universidad de Exeter y del Museo de Ciencias Naturales de Argentina, llegó a estas conclusiones tras cotejar muestras de ADN nuclear y de ADN mitocondrial. Bañuelos explica las diferencias. Una parte del ADN se hereda únicamente por vía materna, es el denominado mitocondrial, y otra parte se transmite por ambos progenitores, el nuclear. Así, comparando lo que ocurre en estos dos tipos de ADN a lo largo del tiempo se puede recomponer por separado la historia de machos y hembras. "Hemos encontrado evidencias de que, coincidiendo con la época de caza más intensa, mientras el ADN mitocondrial permanecía estable, hubo un descenso pronunciado de la variabilidad genética del nuclear". Dicho de forma más sencilla, mientras la población de hembras no sufría, se constató un descenso de la cantidad y calidad de machos reproductores.

    Lo curioso es que una década después, cuando la caza ya estaba prohibida, se observó también una reducción del ADN mitocondrial, que puede ser interpretado como un descenso de la cantidad y calidad de hembras reproductoras. "Creemos que este efecto podría estar relacionado con una reducción del éxito reproductor de las hembras debido a la limitación de machos disponibles", comenta Bañuelos. Y añade: "Es posible que, durante las décadas de caza intensa y años posteriores, pocas hembras consiguieran reproducirse y/o que las cópulas se produjeran con machos subordinados cada vez con más frecuencia ya que los dominantes estaban siendo cazados". A medio plazo, esto pudo llevar a que los resultados de la reproducción fueran cada vez peores y a un declive poblacional general. Los datos obtenidos "son relevantes no solo para tratar de explicar qué le ocurrió al urogallo, sino también para resaltar el efecto que la caza de trofeos puede tener sobre las poblaciones", indica la investigadora.

    ¿La prohibición de la caza permite albergar esperanzas? María José Bañuelos señala que el estudio revela -y es precisamente uno de sus resultados más llamativos- que los efectos de la caza indiscriminada se han perpetuado en el tiempo y han llegado a afectar tanto a machos como a hembras. "No obstante sigue habiendo urogallos y se han seguido reproduciendo desde entonces, así que, en ese sentido, hay esperanzas", apunta la investigadora de la Universidad de Oviedo. "Lo importante ahora es saber sobre qué parámetros demográficos -razón sexual, tasa de supervivencia en adultos, tasa de reproducción- sería factible y aconsejable actuar para mejorar el estado de la población y aumentar su tamaño", concluye.

    Referencia bibliográfica:

    "Revealing the consequences of male-biased trophy hunting on the maintenance of genetic variation". Rodríguez-Muñoz, R., Rodríguel del Valle, C., Bañuelos, M.J. y Mirol, P. Conservation Genetics.

    Foto de portada:

    Ian Svendsplass

    Foto ejemplar de urogallo macho:

    Carlos Granda

    Portadas de la ciencia. Actividad Financiada parcialmente por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología –Ministerio de Economía y Competitividad.

    Imágenes:


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